Máquinas de escribir

Todos los años, por mi cumpleaños, saco mi vieja máquina de escribir para recordar el tacto de las teclas. Acostumbrado al ordenador, cuesta pulsar las teclas hasta abajo, y darle al retorno de carro después de cada línea. Me gusta el olor que tiene. Las manos recuerdan perfectamente cómo colocar el papel y todas las rutinas. En retrospectiva, aquel fue un gran regalo. Hasta recuerdo lo que costó: 14.000 pesetas. Una fortuna.

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© 2016 by Francisco J. Tapiador